A veces me preguntan cuál de mis viajes a Nepal es el más especial.

Y cada vez me doy más cuenta de que no sé responder desde ahí.

Porque no creo que se trate de elegir el más bonito.
Ni el que tiene mejores paisajes.
Ni el que sobre el papel, parece más espectacular.

Para mí, la pregunta sería otra.

Si estás pensando en venir a Nepal y dudas entre un viaje u otro, quizá no empezaría preguntándome:
¿Cuál me gusta más?

Quizás empezaría por algo mas íntimo:
¿Dónde estoy yo ahora?
¿Quá necesito vivir en este momento de mi vida?

Porque mis tres viajes a Nepal no nacieron como tres destinos separados. Nacieron de tres formas distintas en las que yo misma he vivido Nepal.

Hubo un momento en el que necesité refugio, cercanía, vida local, personas, contacto real, conversaciones y lugares donde sentirme sostenida.
De ahí nació el Viaje al Corazón de Nepal.

Después hubo otro momento en el que necesité expansión, aventura, espontaneidad, montaña, caminos nuevos, emoción, descubrir lugares que me hicieran sentir viva otra vez.
De ahí nació el Viaje al Pequeño Tíbet Nepalí.

Y hubo otro momento en el que necesité silencio, caminar más despacio, respirar, volver a mi, mirar menos hacia fuera y escuchar más hacia dentro.
De ahí nació el Viaje al Corazón Silencioso del Annapurna.

Por eso no se trata de elegir el viaje más bonito, ni de simplemente elegir un destino.
Se trata de preguntarte en qué momento de tu vida estás.

Y quizá el viaje que más te llama no es el que te parece más bonito, sino el que habla con el momento que estás viviendo ahora.

Porque a veces necesitamos cercanía.
A veces necesitamos expansión.
A veces necesitamos silencio.

Pilar

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