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Estoy recibiendo muchos mensajes, de personas que os han diagnosticado cáncer recientemente. Y en la mayoría de vosotros, el sentimiento más fuerte es el de miedo, miedo a morir…y aunque parezca una contradicción, observo que muchos de vosotros también sentís… ¡miedo a vivir!
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Antes de nada, me gustaría decir que la persona que está escribiendo estas palabras, no es una profesional en psicología, ni en psicoterapia, ni por supuesto pretende serlo… pero lo que si soy, es una mujer que ha pasado por un cáncer, y que ha vivido y experimentado muchas de las cosas que ahora estáis sintiendo muchos de vosotros.
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Y aunque creo, por mi propia experiencia, que es realmente necesario «vivir» y «profundizar» (aunque nos duela) en todos esos sentimientos y emociones que van surgiendo (miedo, incertidumbre, rabia, impotencia…), también creo que las personas que ya lo hemos pasado y que hemos aprendido tanto de todo ello, podemos ayudar mucho, si compartimos nuestras vivencias y nuestros sentimientos, a todos los que estáis al principio de este duro camino, pero que a pesar de la dureza, yo lo veo, cómo una gran oportunidad y un verdadero camino de total aprendizaje…
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Dicho esto, me gustaría contaros un poco la historia de una mujer, que hace unas dos semanas, tuve la inmensa suerte de conocer en el hospital de San Juan de Alicante… y digo la suerte porque sus vivencias y mis conversaciones con ella, me llegaron al alma.
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Por supuesto, no voy a decir su nombre, (la llamaré María) para respetar su intimidad, pero lo que sí que quiero, es compartir su historia con vosotros, porque me pareció precioso todo lo que me trasmitió durante esos días que estuve a su lado.
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La conocí en el hospital, porque a mi me tuvieron que ingresar una semana, por una hepatitis A, que he cogido por beber agua no mineral, en mi último viaje a Nepal.
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Nos pusieron a las dos de compañeras en la misma habitación del hospital, en la planta de enfermos oncológicos y patologías digestivas, y pudimos compartir muchas de nuestras experiencias vividas.
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Os cuento un poco su historia…
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María, es una mujer de 67 años, a la que hace aproximadamente 15 años que le diagnosticaron un cáncer de mama sin metástasis, en aquel momento. Se sometió a quimioterapia, radioterapia y cirugía en 2 ocasiones, hasta que en la tercera, le extirparon completamente el pecho (mastectomía radical).
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Después de terminar todos sus tratamientos, que se prolongaron más de la cuenta, (porque tras la primera quimioterapia que recibió, al parecer fué demasiado suave, y tras ver que el cáncer no se reducía lo suficiente, después tuvieron que darle otra más agresiva), volvió a su vida normal, y durante 10 años, su salud era aparentemente buena y libre de enfermedad.
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Hasta que hace unos 5 años, en una analítica rutinaria, los marcadores tumorales le salieron alterados y finalmente le detectaron una metástasis en los huesos y en el hígado.
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Y desde ese momento del diagnóstico, y durante estos 5 años, ha estado recibiendo quimioterapia de forma continua.
Con todas las quimioterapias recibidas a lo largo de estos años, su salud se ha ido deteriorando, su cabello se ha caído casi permanentemente, se ha encontrado en muchos momentos muy débil, sus brazos ya no resisten apenas más pinchazos, porque sus venas, cómo ella me contaba, están «casi secas», presenta un linfedema grave y con mucho dolor (efecto secundario frecuente en las personas operadas de cáncer de mama) en su brazo derecho, y que a pesar de ello, mientras yo estuve allí, ví que la medicación se la ponían irremediablemente en él (con lo grave que es un simple pinchazo o una simple picadura de mosquito en un brazo afectado por linfedema).
Además desde hace muchos meses que sufre una grave ascitis (acumulación excesiva de líquidos en el abdomen) que le produce mucho dolor abdominal…y muchas cosas más.
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Aunque no quiero entrar en muchos detalles, os he contado algunas cosas, para que os hagáis una ligera idea, de físicamente como se encuentra, pero con qué serenidad lo está viviendo.
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Y es que, pesar de todo, a pesar de estar en esta situación casi 5 años, de hospital en hospital, a pesar que le han dicho que ya no le ponen más quimioterapia, porque ya no pueden hacer nada más por ella… a pesar de todo… ¡ella tiene claro que quiere seguir luchando por vivir!
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Cómo me decía continuamente…
«tú te crees que después de estar 5 años sin tirar la toalla, superando poco a poco todos los tratamientos y sus consecuencias en mi cuerpo, habiéndo sobrevivido 4 veces más tiempo de lo que me dijeron cuando vieron la metástasis en el hígado…
¿tú te crees que ahora voy a dejar de luchar? ¡ni pensarlo!
Estoy dispuesta a seguir luchando y si me tengo que morir algún día, pues me muero, pero te aseguro que mientras llegue ese momento, ¡voy a seguir viviendo día a día lo mejor que pueda!»
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No sé a vosotros, pero yo cada vez que recuerdo sus palabras, siento una energía increíble en mi interior, y me sigue recordando la ilusión que tengo por estar aquí y por «vivir» la vida tal y cómo es.
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María si estás leyendo estas palabras, sólo puedo decirte…GRACIAS por ser cómo eres, gracias por tu fortaleza, gracias por tu enorme ilusión por seguir luchando y gracias por estar aquí… ¡mucho amor preciosa!
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y el transmitir esto, puede llegar a ayudar a tantas y tantas personas…
Sentir que ayudas a alguien simplemente escuchando o compartiendo tus emociones y sentimientos, es tan bonito
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El diagnóstico a mi me dejo bien claro que, como todos, era mortal pero que aquí y ahora estoy viva y esto es lo que intento transmitir
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