Vivir tantos años en una cultura tan diferente y construir una vida aquí desde cero, me ha hecho aceptar algo que antes me costaba muchísimo: no siempre puedo sostenerlo todo. Y sobre todo, no puedo controlarlo todo.
Durante mucho tiempo pensé que, si me esforzaba lo suficiente, podía mantener gran parte de las cosas bajo control.
Pero la vida, y el estar aquí, me han enseñado que no hay nada más lejos de la realidad.
Las cosas suceden.
A veces se desordenan, a veces duelen, y a veces siento que no voy a poder más.
Y, sin embargo, me doy cuenta de que la vida sigue moviéndose, las situaciones cambian.
Y muchas veces casi sin hacer nada, las cosas se recolocan, aunque no sea como lo había planeado..
Creo que vivir tanto tiempo en Nepal, construir mi vida aquí y sostener mi pequeño rincón a través de tantas situaciones difíciles me ha enseñado, sobre todo, a confiar mucho más en la vida.
Y menos en esa necesidad constante de querer controlarlo todo.
En estos momentos de mi vida, me doy cuenta de que quizá lo que me ha permitido seguir aquí no ha sido aprender simplemente a resistir ante situaciones difíciles…sino aprender poco a poco a encontrar un equilibrio entre sostener y soltar.
Nepal es un país muy intenso, y los momentos en los que pienso: «no sé cómo voy a resolver esto» siguen apareciendo.
Creo que si no hubiera aprendido poco a poco a encontrar ese equilibrio, me habría sido muy difícil seguir construyendo una vida aquí.
Con los años he empezado a confiar más en las personas que saben escucharse a tiempo y parar, que en las que creen que pueden con todo.
Ahora, los momentos difíciles que siguen apareciendo me muestran una y otra vez lo mismo: no necesito sostenerlo todo al mismo tiempo.
Porque a veces, la verdadera fortaleza está en ser capaz de reconocer que no podemos sostenerlo todo.
Mirando atrás, puedo ver que han habido muchos momentos, en los que sentí de verdad que me rompía.
Y quizá precisamente por eso empecé a entender algo importante: que la fortaleza no siempre consiste en aguantar más…sino en dejar de exigirte sostener lo que ya no puedes.
Y ahí, desde ese lugar, empiezas a darte cuenta de que perder cosas, cambiar planes o no poder sostener una vida que creemos perfecta, no significa perderte a ti.
Y quizá ahí, desde ese lugar, aparece uno de los mayores regalos de todos: una enorme sensación de libertad.
Porque cuando dejo de intentar sostenerlo y controlarlo todo constantemente… algo dentro de mí empieza a descansar.
-Pilar